Una reciente resolución de la Unesco, vinculada con el programa Hombre y Biosfera (MAB, por sus siglas en inglés), ha declarado áreas protegidas a dos reservas de biosfera en nuestro país: la del parque Pereyra Iraola, ubicada entre las ciudades de Buenos Aires y La Plata, y la región andino-norpatagónica, que abarca parcialmente las provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut. La información fue dada a conocer por la Secretaría de Medio Ambiente de la Nación, ente que tiene a su cargo la articulación en el país del citado programa MAB, del que participan 34 países con la coordinación de un consejo internacional en el ámbito de la Unesco.
El concepto de "reserva de biosfera" posee un carácter central dentro del programa nombrado. En 1971, la Unesco consideró así a las áreas cuya protección se funda en los valiosos ecosistemas existentes y cuyo aprovechamiento económico debía responder a las pautas del desarrollo sostenible para beneficio de las comunidades locales. El programa MAB ha previsto que las reservas de biosfera permitan tanto la conservación de la belleza del paisaje y de la biodiversidad como la continuidad de las investigaciones científicas, el estudio de la evolución de los recursos naturales, lo que da ocasión a un permanente aporte educativo y formativo.
Esta declaración de reserva protegida se produjo en el país por primera vez en 1980, en el área de San Guillermo, provincia de San Juan, espacio que abarcó un millón de hectáreas en las cuales vicuñas y guanacos fueron las razones principales de conservación. Con las nuevas áreas declaradas, son trece las reservas de biosfera existentes en nuestro territorio. En la del parque Pereyra Iraola, de 10.248 hectáreas de superficie, se ha destacado su papel en la recarga para los acuíferos subterráneos, importantes para la provisión local de agua potable.
En cuanto al área andino-norpatagónica, por su extensión, se constituye en la mayor reserva del país y la primera ubicada en la Patagonia, con una superficie de 2.266.942 ha. Dentro de ella están comprendidos los parques nacionales Lanín, provincia de Neuquén; Nahuel Huapi, en Río Negro, y Lago Puelo, en Chubut. Esta bellísima región se distingue por los bosques de zonas templadas y lluviosas, con la presencia de una rica biodiversidad.
El logro de la resolución de la Unesco es satisfactoria en diversas perspectivas: ambientales, humanas, económicas. Al mismo tiempo, hay que destacar el compromiso que signa el país en cuanto al cuidado de los recursos y el desarrollo de esas reservas, según los términos que establece la declaración. Es lógico esperar, entonces, que se haga honor en el tiempo a la doble obligación contraída, en relación con el país y ante el organismo mundial.
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18 February 2008
Nuevas reservas de biosfera
23 January 2008
UNESCO aprobó dos reservas de biósfera en Argentina
Lunes 21 de Enero de 2008
Son el Parque Pereyra Iraola, en la provincia de Buenos Aires y la región andina del norte de la Patagonia en Neuquén, Río Negro y Chubut.
La UNESCO declaró al Parque Pereyra Iraola, en la provincia de Buenos Aires, y a la región Andino Norpatagónica como "reservas de biosfera", por lo cual ascendió a trece la cantidad de espacios de conservación de la biodiversidad.
La Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable reportó hoy que la determinación fue adoptada en las últimas horas por el Consejo Internacional de Coordinación (CIC) del Programa Man and Biosphere (MAB) de la Organización de las Naciones Unidas para la la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), integrado por 34 Estados.
De esta manera, fue aprobada la propuesta elevada por el organismo nacional a mediados de 2007, con el fin de preservar a esas zonas de la creciente edificación. La UNESCO creó en 1970 el programa "El hombre y la biosfera", para proteger "la variedad de organismos vivos en un ecosistema".
Una reserva de biosfera está compuesta por una zona núcleo, dedicada a la conservación estricta de la biodiversidad, donde sólo se permiten su monitoreo e investigaciones científicas. Está rodeada por un "sector de amortiguación", que admite una actividad humana de "bajo impacto", como turismo o educación, y otro de "transición", accesible a "prácticas para un desarrollo sustentable".
Con una superficie de 10.248 hectáreas ubicada en los partidos de Berazategui, Florencio Varela, La Plata y Ensenada, el Parque Pereyra Iraola es la zona de mayor biodiversidad de la provincia de Buenos Aires. Fue creado en 1949, en terrenos expropiados a una familia homónima, y sus eucaliptos constituyen los primeros ejemplares ingresados en el país, con semillas traídas desde Australia por una gestión de Domingo Faustino Sarmiento. El área de máxima protección incluye pastizales, bañados y bosques, mientras que 159 familias de quinteros habitan en la zona de transición, asistidos por el Ministerio de Asuntos Agrarios bonaerense y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), para lograr una agricultura orgánica.
Por su parte, la región Andino Norpatagónica ocupa 2.266.942 hectáreas, con parques nacionales como Lanín, Nahuel Huapi y Lago Puelo, en las provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut, respectivamente. La mayoría de las especies animales y vegetales de esa reserva es única y exclusiva de la región, por lo cual la explotación de la ganadería debe efectuarse con cuidado estricto, para evitar la ampliación de la desertificación.
Fuente: DyN
Son el Parque Pereyra Iraola, en la provincia de Buenos Aires y la región andina del norte de la Patagonia en Neuquén, Río Negro y Chubut.
La UNESCO declaró al Parque Pereyra Iraola, en la provincia de Buenos Aires, y a la región Andino Norpatagónica como "reservas de biosfera", por lo cual ascendió a trece la cantidad de espacios de conservación de la biodiversidad.
La Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable reportó hoy que la determinación fue adoptada en las últimas horas por el Consejo Internacional de Coordinación (CIC) del Programa Man and Biosphere (MAB) de la Organización de las Naciones Unidas para la la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), integrado por 34 Estados.
De esta manera, fue aprobada la propuesta elevada por el organismo nacional a mediados de 2007, con el fin de preservar a esas zonas de la creciente edificación. La UNESCO creó en 1970 el programa "El hombre y la biosfera", para proteger "la variedad de organismos vivos en un ecosistema".
Una reserva de biosfera está compuesta por una zona núcleo, dedicada a la conservación estricta de la biodiversidad, donde sólo se permiten su monitoreo e investigaciones científicas. Está rodeada por un "sector de amortiguación", que admite una actividad humana de "bajo impacto", como turismo o educación, y otro de "transición", accesible a "prácticas para un desarrollo sustentable".
Con una superficie de 10.248 hectáreas ubicada en los partidos de Berazategui, Florencio Varela, La Plata y Ensenada, el Parque Pereyra Iraola es la zona de mayor biodiversidad de la provincia de Buenos Aires. Fue creado en 1949, en terrenos expropiados a una familia homónima, y sus eucaliptos constituyen los primeros ejemplares ingresados en el país, con semillas traídas desde Australia por una gestión de Domingo Faustino Sarmiento. El área de máxima protección incluye pastizales, bañados y bosques, mientras que 159 familias de quinteros habitan en la zona de transición, asistidos por el Ministerio de Asuntos Agrarios bonaerense y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), para lograr una agricultura orgánica.
Por su parte, la región Andino Norpatagónica ocupa 2.266.942 hectáreas, con parques nacionales como Lanín, Nahuel Huapi y Lago Puelo, en las provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut, respectivamente. La mayoría de las especies animales y vegetales de esa reserva es única y exclusiva de la región, por lo cual la explotación de la ganadería debe efectuarse con cuidado estricto, para evitar la ampliación de la desertificación.
Fuente: DyN
24 July 2007
La Sierra de Manantlán y la U de G
Proceso, México 24 de julio, 2007
palabra de lector
Señor director:
En varias ocasiones Proceso Jalisco ha abordado el tema del trabajo que realiza la Universidad de Guadalajara (UdeG) en la Reserva de la Biosfera Sierra de Manantlán (RBSM). En estas breves notas presentamos algunas aclaraciones sobre la información publicada, que en muchos casos ha sido incompleta, incorrecta o distorsionada.
Dejando a un lado algunos ataques personales e incluso difamatorios, dirigidos hacia quienes hemos trabajado durante varios años en la RBSM, preferimos ocupar este breve espacio para apuntar algunas cuestiones que son de mayor importancia para la opinión pública.
Lo que pasa en la RBSM es relevante por varias razones; una de ellas es la importancia de esa zona montañosa para la conservación ecológica en una región ubicada en los límites de Jalisco y Colima.
Otra razón es que la Sierra de Manantlán, al igual que otras zonas montañosas de México y Latinoamérica, presenta condiciones sociales de pobreza, marginación, conflictos en torno al uso de los recursos naturales y presiones de transformación del paisaje.
Una tercera razón es que, hace 20 años (1987), el área protegida (139 mil 570 hectáreas) fue decretada por el gobierno federal como reserva de la biosfera, una categoría que tiene su origen en el Programa del Hombre y la Biosfera de la UNESCO (que en 1988 integró a la RBSM en su red internacional de reservas).
El concepto de reserva de la biosfera integra objetivos de conservación ecológica, desarrollo social e investigación científica, y su manejo debe basarse en la participación de la población local (70% de la RBSM es propiedad de las comunidades agrarias y 30% de particulares). Las reservas de la biosfera constituyen, en la práctica, un experimento que pone en evidencia las posibilidades, y también las limitaciones, de lo que se ha dado en llamar “desarrollo sustentable.”
La UdeG ha estado vinculada a la Sierra de Manantlán durante tres décadas, desde el hallazgo de un pariente silvestre de maíz –Zea diploperennis por su nombre científico– nativo y endémico de esa zona montañosa, en la cual existen además casi 3 mil especies de plantas y 560 de vertebrados. Los ecosistemas de selvas secas, encinares, pinares y bosque mesófilo de montaña de la sierra cumplen funciones de regulación del ciclo hidrológico y generan otros tipos de servicios ambientales esenciales.
A través de su Instituto Manantlán de Ecología y Conservación de la Biodiversidad (Imecbio), la UdeG promovió la creación de la RBSM, estableció un sitio de investigación ecológica de largo plazo y de educación y capacitación en ecología y manejo de recursos naturales, la Estación Científica Las Joyas (ECLJ, establecida en un predio propiedad del gobierno de Jalisco que ocupa 1% de la superficie de la reserva) y ha realizado actividades de investigación que han contribuido significativamente al conocimiento de la biodiversidad, los procesos ecológicos y la interacción de la sociedad con la naturaleza.
La investigación ha producido, además, resultados que han sido aplicados en la práctica a través de instrumentos de gestión como el Programa de Manejo de la RBSM, el Programa de Desarrollo Regional Sustentable (base para la inversión de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas en proyectos comunitarios), el Programa de Manejo del Fuego y Restauración de Bosques, ordenamientos territoriales comunitarios, programas de aprovechamiento de recursos forestales y diversos proyectos de manejo de recursos naturales basados en comunidades.
Además, la investigación ha sido la base de los programas de educación ambiental impulsados por el Imecbio, que han incluido entre otras acciones la capacitación de profesores, las campañas anuales de prevención de incendios y la aplicación de medidas de control y reciclaje de desechos sólidos en los municipios de El Grullo, Autlán, El Limón, Ejutla, Unión de Tula, Tolimán, Zapotitlán de Vadillo, Tonaya, San Gabriel y Tuxcacuesco.
Así mismo, a través de la Unidad de Apoyo a Comunidades Indígenas (UACI), la UdeG ha apoyado a la comunidad nahua de Ayotitlán, en el municipio de Cuautitlán, en los litigios agrarios para la recuperación de sus tierras, en contra del despojo histórico por intereses madereros y mineros, y la ha asesorado para fortalecer su organización comunitaria tradicional.
Otro resultado de la investigación que hemos realizado es que muchos de los problemas que afectan a las comunidades de la Sierra de Manantlán han sido documentados y denunciados.
Por ejemplo, cuando en 1987 las compañías madereras se opusieron al decreto de la RBSM y estuvieron a punto de revertirlo, la información generada sobre la historia de la explotación maderera, el despojo agrario y la lucha de las comunidades por recuperar el control de sus tierras y recursos naturales sirvió para contener el embate contra el área protegida y para el reconocimiento de los derechos de las comunidades indígenas y mestizas sobre su territorio.
Desde 1989 se denunciaron las violaciones a los derechos agrarios y humanos, así como a las normas ambientales, por parte de la compañía minera de Peña Colorada en perjuicio de la comunidad de Ayotitlán, y recientemente (2006) se presentó evidencia para detener un nuevo proyecto minero en la zona.
La presentación de evidencia científica sirvió también para inducir un proceso de control de la contaminación acuática y de restauración ecológica en el río Ayuquila, que llevó a que el ingenio azucarero Melchor Ocampo controlara sus descargas de aguas residuales y se creara la Iniciativa Intermunicipal para la Gestión Integral de la Cuenca del Río Ayuquila (IIGICRA). La calidad de agua del río se ha mejorado, se observa la recuperación de recursos pesqueros y se han reducido problemas de salud pública en comunidades ribereñas de los municipios de El Grullo, Tuxcacuesco y Tolimán. El problema de contaminación del río Ayuquila por descargas municipales no está aún resuelto, pero se está trabajando al respecto. El proceso de construcción de esta iniciativa intermunicipal ha recibido reconocimiento nacional e internacional.
El predio Las Joyas, protegido y manejado como estación científica, ha recuperado su cubierta boscosa (que pasó de 76% a 92% en los últimos 20 años) y han aumentado las poblaciones de venados, pumas y otras especies de fauna silvestre; se ha protegido también a las poblaciones de Zea diploperennis en esta área. Los resultados de investigación, además de contribuir al conocimiento de la biodiversidad y los procesos ecológicos, han servido como base conceptual y metodológica de estudios técnicos e instrumentos de manejo aplicados en diversas partes de la RBSM.
En la ECLJ, 92 estudiantes han realizado sus tesis de licenciatura, maestría o doctorado, y muchos más han participado en cursos, talleres y prácticas de campo. La estación científica ha servido también como sede de cursos o talleres dirigidos a gente de las comunidades (como los cursos anuales de capacitación en prevención de incendios y manejo del fuego o los talleres de consulta del programa de manejo de la reserva).
Afirmar que el trabajo en la ECLJ no ha sido fructífero es doloso e injustificado. Además, lo que se hace en Las Joyas no es “un secreto de Estado”: ha sido ampliamente difundido, y no sólo en publicaciones científicas, sino a través de actividades de educación ambiental con cientos de personas que han visitado el área y en los medios de comunicación.
Si bien se han tenido logros importantes en la ECLJ, la RBSM y su región de influencia, existen problemas no resueltos y justos reclamos de las comunidades para atender los rezagos que persisten en la región. Esto lo hemos planteado en publicaciones y foros diversos. Entre los problemas más relevantes podemos señalar los siguientes:
La operatividad de la participación efectiva (y no meramente formal) de las comunidades locales en la gestión de la reserva; la puesta en marcha de mecanismos que compensen a los dueños y poseedores de la tierra por las limitaciones de usufructo impuestas por el decreto de la RBSM en función del interés público en la conservación de la biodiversidad y la cabecera de cuencas, además de que se retribuyan los esfuerzos por proteger el área y mejorar el manejo de los recursos naturales.
Así mismo, es necesaria la asignación de financiamiento y apoyo, de manera consistente y sostenida, para lograr los objetivos de conservación y desarrollo de la reserva y de las comunidades; la resolución de problemas de rezago agrario; y la defensa de los recursos naturales frente a intentos de apropiación privada por empresas mineras o de biotecnología.
Estos problemas, que no sólo son importantes para la RBSM, requieren de un análisis mucho más amplio y profundo. Pero debe quedar bien claro quiénes tienen la responsabilidad institucional de que la RBSM no sea sólo un área protegida en el papel y que se continúen consolidando los logros obtenidos y se avance en la solución de los problemas.
Si bien la UdeG se mantuvo trabajando y tratando de llenar el vacío institucional debido a la falta de atención a la reserva por el gobierno federal en los seis años siguientes al decreto de 1987, a partir de 1993 se creó la Dirección de la RBSM que depende de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), organismo que forma parte de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.
Esta es la dependencia responsable de coordinar la ejecución del Programa de Manejo de la RBSM y, de acuerdo con el decreto, las dependencias federales de los sectores de medio ambiente y recursos naturales, agricultura y desarrollo rural, y reforma agraria, así como los gobiernos estatales y municipales, son corresponsables en esta labor. La UdeG, a través del Imecbio, ha colaborado estrechamente con la Conanp durante varios años en el ámbito de sus funciones sustantivas realizando tareas de investigación, enseñanza y capacitación, asesoría científica y técnica, así como de educación ambiental.
En cuanto a la asociación civil Mabio, es una iniciativa que surgió con el fin de apoyar la procuración de fondos y el desarrollo de proyectos de conservación en el occidente de México. Mabio tiene convenios de colaboración con la UdeG y la Conanp; los proyectos que se realizan en la RBSM han sido puestos en marcha en el marco del Programa de Manejo de esta área protegida y de los programas operativos anuales que son aprobados y evaluados por los consejos asesores de la reserva en Jalisco y Colima, en los cuales participan los municipios, los representantes de las comunidades agrarias y las dos universidades estatales.
El papel que la UdeG ha jugado en la RBSM, y lo que han hecho o dejado de hacer las instituciones gubernamentales responsables de la conservación y el desarrollo, así como los logros, los rezagos, el potencial o las limitaciones de la reserva de la biosfera más importante del occidente de México, merecen una evaluación crítica pero justa, basada en evidencias concretas y análisis serios, no sólo en opiniones y, mucho menos, en ataques personales malintencionados.
Atentamente
ENRIQUE J. JARDEL, SERGIO GRAF M., EDUARDO SANTANA C., RAMÓN CUEVAS G., LUIS MANUEL MARTÍNEZ Y SALVADOR GARCÍA
Profesores-investigadores del Imecbio,
Universidad de Guadalajara-Cucsur
palabra de lector
Señor director:
En varias ocasiones Proceso Jalisco ha abordado el tema del trabajo que realiza la Universidad de Guadalajara (UdeG) en la Reserva de la Biosfera Sierra de Manantlán (RBSM). En estas breves notas presentamos algunas aclaraciones sobre la información publicada, que en muchos casos ha sido incompleta, incorrecta o distorsionada.
Dejando a un lado algunos ataques personales e incluso difamatorios, dirigidos hacia quienes hemos trabajado durante varios años en la RBSM, preferimos ocupar este breve espacio para apuntar algunas cuestiones que son de mayor importancia para la opinión pública.
Lo que pasa en la RBSM es relevante por varias razones; una de ellas es la importancia de esa zona montañosa para la conservación ecológica en una región ubicada en los límites de Jalisco y Colima.
Otra razón es que la Sierra de Manantlán, al igual que otras zonas montañosas de México y Latinoamérica, presenta condiciones sociales de pobreza, marginación, conflictos en torno al uso de los recursos naturales y presiones de transformación del paisaje.
Una tercera razón es que, hace 20 años (1987), el área protegida (139 mil 570 hectáreas) fue decretada por el gobierno federal como reserva de la biosfera, una categoría que tiene su origen en el Programa del Hombre y la Biosfera de la UNESCO (que en 1988 integró a la RBSM en su red internacional de reservas).
El concepto de reserva de la biosfera integra objetivos de conservación ecológica, desarrollo social e investigación científica, y su manejo debe basarse en la participación de la población local (70% de la RBSM es propiedad de las comunidades agrarias y 30% de particulares). Las reservas de la biosfera constituyen, en la práctica, un experimento que pone en evidencia las posibilidades, y también las limitaciones, de lo que se ha dado en llamar “desarrollo sustentable.”
La UdeG ha estado vinculada a la Sierra de Manantlán durante tres décadas, desde el hallazgo de un pariente silvestre de maíz –Zea diploperennis por su nombre científico– nativo y endémico de esa zona montañosa, en la cual existen además casi 3 mil especies de plantas y 560 de vertebrados. Los ecosistemas de selvas secas, encinares, pinares y bosque mesófilo de montaña de la sierra cumplen funciones de regulación del ciclo hidrológico y generan otros tipos de servicios ambientales esenciales.
A través de su Instituto Manantlán de Ecología y Conservación de la Biodiversidad (Imecbio), la UdeG promovió la creación de la RBSM, estableció un sitio de investigación ecológica de largo plazo y de educación y capacitación en ecología y manejo de recursos naturales, la Estación Científica Las Joyas (ECLJ, establecida en un predio propiedad del gobierno de Jalisco que ocupa 1% de la superficie de la reserva) y ha realizado actividades de investigación que han contribuido significativamente al conocimiento de la biodiversidad, los procesos ecológicos y la interacción de la sociedad con la naturaleza.
La investigación ha producido, además, resultados que han sido aplicados en la práctica a través de instrumentos de gestión como el Programa de Manejo de la RBSM, el Programa de Desarrollo Regional Sustentable (base para la inversión de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas en proyectos comunitarios), el Programa de Manejo del Fuego y Restauración de Bosques, ordenamientos territoriales comunitarios, programas de aprovechamiento de recursos forestales y diversos proyectos de manejo de recursos naturales basados en comunidades.
Además, la investigación ha sido la base de los programas de educación ambiental impulsados por el Imecbio, que han incluido entre otras acciones la capacitación de profesores, las campañas anuales de prevención de incendios y la aplicación de medidas de control y reciclaje de desechos sólidos en los municipios de El Grullo, Autlán, El Limón, Ejutla, Unión de Tula, Tolimán, Zapotitlán de Vadillo, Tonaya, San Gabriel y Tuxcacuesco.
Así mismo, a través de la Unidad de Apoyo a Comunidades Indígenas (UACI), la UdeG ha apoyado a la comunidad nahua de Ayotitlán, en el municipio de Cuautitlán, en los litigios agrarios para la recuperación de sus tierras, en contra del despojo histórico por intereses madereros y mineros, y la ha asesorado para fortalecer su organización comunitaria tradicional.
Otro resultado de la investigación que hemos realizado es que muchos de los problemas que afectan a las comunidades de la Sierra de Manantlán han sido documentados y denunciados.
Por ejemplo, cuando en 1987 las compañías madereras se opusieron al decreto de la RBSM y estuvieron a punto de revertirlo, la información generada sobre la historia de la explotación maderera, el despojo agrario y la lucha de las comunidades por recuperar el control de sus tierras y recursos naturales sirvió para contener el embate contra el área protegida y para el reconocimiento de los derechos de las comunidades indígenas y mestizas sobre su territorio.
Desde 1989 se denunciaron las violaciones a los derechos agrarios y humanos, así como a las normas ambientales, por parte de la compañía minera de Peña Colorada en perjuicio de la comunidad de Ayotitlán, y recientemente (2006) se presentó evidencia para detener un nuevo proyecto minero en la zona.
La presentación de evidencia científica sirvió también para inducir un proceso de control de la contaminación acuática y de restauración ecológica en el río Ayuquila, que llevó a que el ingenio azucarero Melchor Ocampo controlara sus descargas de aguas residuales y se creara la Iniciativa Intermunicipal para la Gestión Integral de la Cuenca del Río Ayuquila (IIGICRA). La calidad de agua del río se ha mejorado, se observa la recuperación de recursos pesqueros y se han reducido problemas de salud pública en comunidades ribereñas de los municipios de El Grullo, Tuxcacuesco y Tolimán. El problema de contaminación del río Ayuquila por descargas municipales no está aún resuelto, pero se está trabajando al respecto. El proceso de construcción de esta iniciativa intermunicipal ha recibido reconocimiento nacional e internacional.
El predio Las Joyas, protegido y manejado como estación científica, ha recuperado su cubierta boscosa (que pasó de 76% a 92% en los últimos 20 años) y han aumentado las poblaciones de venados, pumas y otras especies de fauna silvestre; se ha protegido también a las poblaciones de Zea diploperennis en esta área. Los resultados de investigación, además de contribuir al conocimiento de la biodiversidad y los procesos ecológicos, han servido como base conceptual y metodológica de estudios técnicos e instrumentos de manejo aplicados en diversas partes de la RBSM.
En la ECLJ, 92 estudiantes han realizado sus tesis de licenciatura, maestría o doctorado, y muchos más han participado en cursos, talleres y prácticas de campo. La estación científica ha servido también como sede de cursos o talleres dirigidos a gente de las comunidades (como los cursos anuales de capacitación en prevención de incendios y manejo del fuego o los talleres de consulta del programa de manejo de la reserva).
Afirmar que el trabajo en la ECLJ no ha sido fructífero es doloso e injustificado. Además, lo que se hace en Las Joyas no es “un secreto de Estado”: ha sido ampliamente difundido, y no sólo en publicaciones científicas, sino a través de actividades de educación ambiental con cientos de personas que han visitado el área y en los medios de comunicación.
Si bien se han tenido logros importantes en la ECLJ, la RBSM y su región de influencia, existen problemas no resueltos y justos reclamos de las comunidades para atender los rezagos que persisten en la región. Esto lo hemos planteado en publicaciones y foros diversos. Entre los problemas más relevantes podemos señalar los siguientes:
La operatividad de la participación efectiva (y no meramente formal) de las comunidades locales en la gestión de la reserva; la puesta en marcha de mecanismos que compensen a los dueños y poseedores de la tierra por las limitaciones de usufructo impuestas por el decreto de la RBSM en función del interés público en la conservación de la biodiversidad y la cabecera de cuencas, además de que se retribuyan los esfuerzos por proteger el área y mejorar el manejo de los recursos naturales.
Así mismo, es necesaria la asignación de financiamiento y apoyo, de manera consistente y sostenida, para lograr los objetivos de conservación y desarrollo de la reserva y de las comunidades; la resolución de problemas de rezago agrario; y la defensa de los recursos naturales frente a intentos de apropiación privada por empresas mineras o de biotecnología.
Estos problemas, que no sólo son importantes para la RBSM, requieren de un análisis mucho más amplio y profundo. Pero debe quedar bien claro quiénes tienen la responsabilidad institucional de que la RBSM no sea sólo un área protegida en el papel y que se continúen consolidando los logros obtenidos y se avance en la solución de los problemas.
Si bien la UdeG se mantuvo trabajando y tratando de llenar el vacío institucional debido a la falta de atención a la reserva por el gobierno federal en los seis años siguientes al decreto de 1987, a partir de 1993 se creó la Dirección de la RBSM que depende de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), organismo que forma parte de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.
Esta es la dependencia responsable de coordinar la ejecución del Programa de Manejo de la RBSM y, de acuerdo con el decreto, las dependencias federales de los sectores de medio ambiente y recursos naturales, agricultura y desarrollo rural, y reforma agraria, así como los gobiernos estatales y municipales, son corresponsables en esta labor. La UdeG, a través del Imecbio, ha colaborado estrechamente con la Conanp durante varios años en el ámbito de sus funciones sustantivas realizando tareas de investigación, enseñanza y capacitación, asesoría científica y técnica, así como de educación ambiental.
En cuanto a la asociación civil Mabio, es una iniciativa que surgió con el fin de apoyar la procuración de fondos y el desarrollo de proyectos de conservación en el occidente de México. Mabio tiene convenios de colaboración con la UdeG y la Conanp; los proyectos que se realizan en la RBSM han sido puestos en marcha en el marco del Programa de Manejo de esta área protegida y de los programas operativos anuales que son aprobados y evaluados por los consejos asesores de la reserva en Jalisco y Colima, en los cuales participan los municipios, los representantes de las comunidades agrarias y las dos universidades estatales.
El papel que la UdeG ha jugado en la RBSM, y lo que han hecho o dejado de hacer las instituciones gubernamentales responsables de la conservación y el desarrollo, así como los logros, los rezagos, el potencial o las limitaciones de la reserva de la biosfera más importante del occidente de México, merecen una evaluación crítica pero justa, basada en evidencias concretas y análisis serios, no sólo en opiniones y, mucho menos, en ataques personales malintencionados.
Atentamente
ENRIQUE J. JARDEL, SERGIO GRAF M., EDUARDO SANTANA C., RAMÓN CUEVAS G., LUIS MANUEL MARTÍNEZ Y SALVADOR GARCÍA
Profesores-investigadores del Imecbio,
Universidad de Guadalajara-Cucsur
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