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17 November 2008

Nuevo informe: Agrocombustibles y el Mito de las Tierras Marginales

Ecoportal
15-11-08, El enfoque de la Unión Europea hacia las “tierras marginales” para resolver el problema de los agrocombustibles (biocombustibles) es peligroso. Una mirada crítica a la propuesta de que los cultivos para agrocombustiles sean plantados en tierras consideradas “marginales” o “de deshecho”. En muchos casos, estas “tierras marginales” son vitales para la superviviencia de pequeños campesinos, pastores, mujeres o indígenas.
Los agrocombustibles han sido criticados por su impacto sobre los precios de los alimentos y la biodiversidad, y por perjudicar el clima. Europa considera el uso de tierras marginales en diferentes partes del mundo como una solución potencial a estos problemas, pero las tierras “marginales” no han sido definidas y escasean las investigaciones acerca de los potenciales impactos.
Sin embargo, se nos dice que existen millones de hectáreas de tierras marginales alrededor del mundo, especialmente en Africa, y que plantarlos con agrocombustibles será beneficioso, proporcionando ingresos a las comunidades locales y proporcionando una fuente alternativa a los combustibles fósiles.
Algunos, incluso han sugerido que debería haber incentivos para el uso de las así llamadas tierras marginales, como licencias para emitir más CO2. Un cultivo que se cita a menudo como ideal para ser implementado en tierras marginales es el arbusto oleaginoso Jatropha Curcas.
Sin embargo, hasta el presente, no existen experiencias de cultivar jatropha a gran escala y se sabe poco sobre ella. Entre otras cosas, se están prometiendo empleos, pero existen serias dudas acerca del desarrollo real de este cultivo. Antes de considerar qué se puede plantar en ellas, las tierras marginales deberían ser definidas.
Todo apunta a que las llamadas tierras marginales podrían ser un recurso vital para las comunidades locales alrededor del mundo, las cuales proveen alimento, combustible para el uso doméstico, medicinas y materiales de construcción. A menudo se trata de tierras colectivas o utilizadas en común
por tales comunidades durante generaciones, incluso aunque no posean un título formal.
A menudo es la única tierra a la que tienen acceso las mujeres, porque en muchas partes del mundo, las mujeres aún no tienen derechos de propiedad o herencia. Para ellas, estas tierras pueden constituir la diferencia entre la vida y la muerte en años difíciles, porque saben cómo extraer de allí alimentos. Especialmente en Africa, existen extensas áreas de tierra utilizadas por ganaderos o pastores, que siguen las lluvias y los pastos frescos a lo largo de amplias áreas, sin degradar los frágiles pastizales.
Las investigaciones muestran que convertir tales tierras “marginales” de pastos a cultivos, alteraría el clima, haciendo algunas áreas más húmedas y otras más secas, con inundaciones y sequías más extremas.
En una carta escrita en agosto 2008 al Parlamento de la UE, el African Biodiversity Network escribió a propósito del objetivo del 10% de biocombustibles: Criticamos duramente el mito de que existe gran cantidad de tierras libres en Africa. Campesinos, pastores e indígenas uilizan las llamadas tierras “marginales”, pero su existencia y derechos no están a menudo ni reconocidos por sus propios gobiernos”. El 70% de la tierra en Africa todavía es tierra comunal.
Esto la hace particularmente vulnerable al desarrollo de los agrocombustibles, que buscan privatizar las tierras y desplazar a las comunidades de su fuente de sustento. Desmentimos el mito de que la producción de combustibles a gran escala va a traer desarrollo economico a los africanos. No deberíamos permitir la promesa de unas pocos puestos de trabajo mal pagados, trabajo solo para temporeros, para expulsar a los campesinos de sus tierras, desplazar la
producción de alimentos, y talar los bosques.
A juzgar por cómo se ha ido dando la expansión de los agrocombustibles en Africa hasta la fecha, su consecuencia son desplazamientos de gran número de campesinos e indígenas, apropiamientos de tierras, incremento de los precios de los alimentos, deforestación, amenaza a áreas de conservación, pobreza y deudas para pequeños campesinos, y las tierras más fértiles, mejor irrigadas siendo destinadas a la producción de combustible en lugar de a alimentos.
Con el aumento de precios dramático y la pobreza rural en Africa duramente golpeada, no debemos sacrificar nuestra seguridad alimentaria para mantener a los automóviles europeos en la carretera. www.ecoportal.net

Notas:
El reporte puede encontrarse adjunto y en:

En español en:
http://justiciaypazencolombia.org/IMG/pdf/Adjunto_Su_105_-10-08-ESPANOL-Agrocombustibles_MitoTierrasMarginales.pdf-_.pdf
En inglés en:
www.gaiafoundation.org
y las organizaciones son
Gaia Foundation, Biofuelwatch, African Biodiversity Network, Salva la Selva, Watch Indonesia y EcoNexus
El llamado a una moratoria inmediata para los incentivos de la UE para agrocombustibles, importaciones de agrocombustibles y monocultivos para agroenergía puede encontrarse:
En español: http://www.wrm.org.uy/actores/CBD/SBSTTA/Moratoria.pdf
En inglés: www.econexus.info/biofuels.html

16 July 2008

Feeding Africa: Key is better farms, not food aid

By ANITA POWELL – 15 July 2008

AWASH MELKASA, Ethiopia (AP) — Hussein Ibrahim walked solemnly past tidy rows of bright green cabbages, vines bursting with tomatoes and trees weighed down with plump avocados.

This modern, thriving farm — a rarity in drought-ravaged Ethiopia — filled Hussein with envy. Like so many other farmers across the Horn of Africa, he has no hope for his own crops this year.

"We are behind all the other people in the world," said Hussein, who tends his land in southern Ethiopia the way his ancestors did hundreds of years ago — with rain, if it comes; and oxen, as long as they're healthy.

To break out of endless cycles of drought, poverty and hunger, experts say, Africa desperately needs to modernize its age-old farming techniques. But the vast sums in foreign aid to Africa go toward feeding the hungry, and very little is left for improving farming so that Africans will cease to depend on handouts.

It isn't impossible. A decade ago, a "green revolution" helped millions of farmers in Asia and Latin America emerge from poverty with basic innovations such as fertilizer, improved irrigation and hybrid seeds.

But Africa's farms, which employ more than half the labor force, remain one-fourth as productive as their counterparts around the world.

Ethiopia drew international attention in 1984 when a famine compounded by communist policies killed 1 million people. It is now gripped by drought that has left 4.6 million people in need of emergency food shipments.

Drought is especially bad for Ethiopia because farming employs more than 80 percent of Ethiopians and accounts for half of all domestic production and 85 percent of exports.

Yet it's not that Ethiopia is incapable of growing food, as this experimental farm 100 miles southwest of Addis Ababa demonstrates. It just needs the right tools.

The farm, part of a government-run research center, beats the drought with smart irrigation systems, higher-yielding seeds, and fertilizer and pesticides correctly applied.

Hussein and dozens of other farmers were invited to the farm in late June to learn about modern agricultural techniques.

The 640-acre center employs nearly 350 workers, nearly 60 of whom hold advanced degrees in agriculture. It was set up in 1969 in the dying days of Ethiopia's monarchy, survived a decade of Marxist dictatorship, famine and wars, and continues to point the way to food independence.

But all it can do is point. It costs the Ethiopian government about $1.1 million a year to run the farm. The average Ethiopian works two acres, has little education and earns about $800 a year.

Also on the visit to the center was Mitike Abebe, who farms wheat, barley, lentils and other crops in southern Ethiopia. She depends entirely on rainfall, sturdy oxen, and her overworked soil.

"We don't want food aid," she said. "We need tractors, we need seeds, we need farm machinery."

There's aid aplenty — Ethiopia alone got $1.95 billion in 2006 — but Africa-wide, less than 5 percent of it goes toward the sort of things Mitike needs.

The United States, Ethiopia's largest donor, this year gave it more than $570 million, but just over 1 percent of that money is going toward developing agriculture.

In 2004, African nations agreed to set aside 10 percent of their national budgets for agricultural development. Ethiopia exceeded that promise, with 16 percent of its $3.4 billion budget. But experts say it is simply not enough for a country so dependent on the land.

According to the U.N., nearly two-thirds of Africa's agricultural land has been degraded by erosion and misused pesticides. In Ethiopia, where bad farming practices have led to massive erosion, 85 percent of land is damaged.

"We've under-invested, and everybody appreciates this now," said Glenn Anders, who heads the American aid program in Ethiopia. "Particularly in Africa, for the last few decades, maybe more."

The continent's other needs often offer a quicker fix for donors, he said.

"You give a kid an immunization and that kid's better. Agriculture's much more indirect than that and also requires a lot more time. It's not a quick fix at all."

02 October 2007

África Oriental: Eco turismo, Suicidio O Desarrollo

All africa / East African Business Week (Kampala)

1 Octubre 2007

Ole Kamuaro

La tendencia hacia la comercialización de los esquemas de turismo disfrazados como empresas de eco turismo sostenible, basadas en la naturaleza, ambientalmente amigables se ha convertido en materia de una considerable controversia y preocupación públicas. Esos esquemas pueden tener impactos serios sobre la naturaleza y la sociedad, particularmente en el Sur.

El llamado eco turismo se ha convertido en el sub-sector de mayor crecimiento de la industria del turismo, con una tasa de crecimiento anual de 10-15% a nivel mundial. Al mismo tiempo, el turismo internacional hacia el Tercer Mundo está creciendo en 6% al año, lo cual es muy rápido, comparado con el crecimiento de solo 3.5% de los países desarrollados. En la actualidad, el 20% de los turistas internacionales viajan a países del sur.

Kenya, Tanzania y Sud África cosechan beneficios económicos significativos de esas empresas comerciales. Pero el impacto negativo psico-social de este tipo de turismo, incluyendo el desplazamiento físico de las personas y la violación de derechos fundamentales, pesan por mucho más que los supuestos beneficios económicos de medio plazo.

África Oriental aporta ejemplos excelentes de la naturaleza desastrosa de esas actividades. El turismo masivo fue introducido por primera vez a esas regiones en los 1950s con la legalización de la caza y la colecta de fauna silvestre por los entonces "colonos blancos," los amos de la colonial Británica que controlaban Kenia y Tanzania.

La necesidad de zonas exclusivas de caza y recreación inaccesibles a los "nativos" llevó a la creación de las áreas protegidas, los parques nacionales y las reservas cinegéticas. Esas áreas se convirtieron en empresas lucrativas muy importantes con el establecimiento de cabañas y campamentos de turistas.

Pero el 70% de los parques nacionales y reservas cinegéticas en África Oriental están sobre tierras pastorales, en particular sobre tierras Masai. El primer impacto indeseable del turismo sobre los Masai de cualquiera de esos países fue la pérdida masiva de tierra. Los parques y las reservas cinegéticas requieren de espacio e inversión considerables.

Los gobiernos locales y nacionales en esos países tomaron una ventaja injusta aprovechando la ignorancia de los Masai y les robaron tramos enormes de tierras de pastoreo, en la mayoría de los casos las mejores áreas de pastoreo, poniendo en riesgo su única forma de vida social y económica, el pastoralismo.

La fiera lealtad de esa gente a sus tradiciones ha amargado sus relaciones con sus dominadores coloniales.

Se les dieron muy pocos o ningunos servicios sociales y de infraestructura; como gobiernos post-independientes hicieron poco para mejorar su tasa de alfabetismo, pocos obtuvieron educación formal. Mientras que otros se adaptaron a las formas modernas de vida los Masai siguieron con su pastoralismo tradicional, que ha sido considerado injustamente como atrasado y depredador como una actividad económica.

Irónicamente, el pastoralismo y la conservación de la naturaleza van mano con mano. Considerando los grandes tramos de tierras abiertas, su vida Silvestre y vegetal abundantes, y su cultura rica y muy idealizada, era casi inevitable que fueran objeto del turismo a gran escala.

En Kenya, el turismo no le ha llevado ningún beneficio económico tangible a la gente Masai. A pesar de su pérdida de tierra, los trabajadores mejor educados de otras partes del país son los favorecidos en el empleo. Los inversionistas de la industria del turismo no son locales y por lo tanto no han arraigado sus utilidades en la economía local.

Tradicionalmente, la tierra no se consideraba como una mercancía para el intercambio como el dinero o el ganado. Con la introducción del turismo se ha hecho posible comerciar tierra por dinero y esto ha creado destitución y pobreza, y ha puesto a los miembros del mismo clan unos contra otros.

En Tanzania, el panorama es similar y en algunos casos peor. En Mkomazi, una reserve cinegética que fue designada sin el consentimiento informado de la gente del lugar, lo que recibieron fue simplemente una orden de expulsión de su propio gobierno.

En el distrito de Ngorongoro, se le dotó al Sultán de los Emiratos Árabes Unidos de un corredor de caza a lo largo de una vasta tierra de pastoreo, sin ningún límite de caza. A los Masai nunca se les informó del proyecto. Cuando reaccionaron indignados, las restricciones al pastoreo ya estaban impuestas sobre sus hatos. El turismo y la caza toman siempre las mejores tierras.

Es claro que el turismo como un comercio no apoya a los que lo hacen rico y satisfactorio. Simplemente explota y agota, en particular en el Tercer Mundo. Tiene que ser redefinido y reorientado si es que alguna vez se va a hacer sostenible. Las tierras intactas en términos ambientales y de biodiversidad constituyen la base de la estabilidad ecológica. Pero han sido ya afectadas con severidad por la industrialización, la urbanización, las prácticas de agricultura insostenible y el turismo masivo.

Aunque el eco turismo suena como algo comparativamente benigno, uno de sus impactos más serios es la usurpación de territorios "vírgenes"; parques nacionales, santuarios de fauna y otras áreas silvestres; las que son entonces empacadas como productos verdes para los eco turistas.

Con la tremenda expansión del eco turismo comercializado, ha crecido de hecho la degradación ambiental, incluyendo la deforestación, la disrupción de los sistemas ecológicos de vida y varias formas de contaminación. Incluso sus proponentes, están de acuerdo en que el eco turismo está lejos de ser la panacea contra la destrucción ambiental.

East Africa: Ecotourism, Suicide Or Development

Allafrica

East African Business Week (Kampala)

1 October 2007

Ole Kamuaro

The trend towards the commercialisation of tourism schemes disguised as sustainable, nature-based, environmentally friendly ecotourism ventures has become the subject of considerable public controversy and concern. These schemes may have serious impacts on nature and society, particularly in the South.

This so-called ecotourism has become the fastest growing sub-sector of the tourist industry, with an annual growth rate of 10-15% worldwide. At the same time, international tourism to the Third World is rapidly increasing by 6% per year, compared to growth in developed countries of only 3.5%. At present, 20% of international tourists travel to southern countries.

Kenya, Tanzania and South Africa reap significant economic benefits from these commercial ventures. But the negative psycho-social impact of this type of tourism, including physical displacement of persons and gross violation of fundamental rights, far outweigh its intended medium-term economic benefits.

East Africa provides excellent examples of the disastrous nature of these activities. Mass tourism was first introduced to these regions in the 1950s with the legalisation of hunting and culling of wild game by the then "white settlers," the British colonial masters who controlled Kenya and Tanzania.

The need for exclusive hunting and recreational zones inaccessible to "natives" led to the creation of protected areas, national parks and game reserves. These areas became very important revenue-earning ventures with the establishment of lodges and tourist campsites.

But 70% of national parks and game reserves in East Africa are on pastoralist lands, particularly Masai land. The first undesirable impact of tourism on the Masai of both these countries was massive loss of land. Parks and game reserves require considerable space and investment.

Local and national governments in these countries took unfair advantage of the ignorance of the Masai and robbed them of huge chunks of grazing land, in most cases the best pasture areas, putting to risk their only socioeconomic livelihood, pastoralism.

The fierce loyalty of these people to their traditions had soured their relations with their colonial rulers.

They were provided with few or no social and infrastructure services; as post-independence governments did little to improve their literacy rate, few acquired a formal education. While others adapted to modern ways of life the Masai pursued traditional pastoralism, which has unfairly been considered backward and wasteful as an economic activity.

Ironically, pastoralism and conservation of nature go hand in hand. Given the Masai"s large open tracts of land, abundant plant and animal wildlife, and their rich and much-romanticised culture, it was almost inevitable that they would be targeted by large-scale tourism.

In Kenya, tourism has not brought any tangible economic benefits to the Masai people. Despite their loss of land, employment favours better-educated workers from other parts of the country. Investors in the tourism industry are not local and so have not ploughed back their profits into the local economy.

Traditionally, land was not a commodity for exchange like money or livestock. With the introduction of tourism it has become possible to trade land for money and this has created destitution and poverty, pitting members of the same clan against one another.

In Tanzania, the picture is similar and in some cases even worse. In Mkomazi, a game reserve was designated without informing or consulting local people, who simply received an eviction order from their own government.

In Ngorongoro district, the Sultan of the United Arab Emirates was allocated a hunting corridor through vast grazing land, with no limit set on hunting. The Masai were never informed of the development. When they reacted with indignation, grazing restrictions were imposed on their herds. Tourism and hunting always take the best land.

Clearly, tourism as a trade does not empower those who make it rich and satisfying. It simply exploits and depletes, particularly in the Third World. It has to be redefined and reoriented if it is ever to become sustainable. Biodiversity and environmentally intact lands form the basis of ecological stability. But this has already been severely affected by industrialisation, urbanisation, unsustainable agricultural practices and mass tourism.

While ecotourism sounds comparatively benign, one of its most serious impacts is usurpation of "virgin" territories;national parks, wildlife sanctuaries and other wilderness areas;which are then packaged as green products for ecotourists.

With the tremendous expansion of commercialised ecotourism, environmental degradation, including deforestation, disruption of ecological life systems and various forms of pollution, has in fact increased. Even its proponents concede that ecotourism is far from a panacea for environmental destruction

12 September 2007

Zonas protegidas, animales desprotegidos

Por Stephen Leahy

TORONTO, sep (IPS) - Una marcada reducción de la abundante vida salvaje de África se verifica ahora también en las áreas protegidas del continente, según un estudio publicado en la Revista Africana de Ecología.


Las famosas reservas naturales del continente están destinadas a convertirse en bolsones aislados de vida silvestre, con pocos animales en ellos, tal como ocurre en Europa, indica el informe.

"No es una conclusión para alegrarse", dijo a IPS el investigador Paul Scholte, del Instituto de Ciencias Ambientales de la Universidad de Leiden, Holanda, y uno de los autores del estudio.

"En aquéllos lugares donde obtuvimos información confiable, se registra un notorio descenso de la vida salvaje dentro de las reservas y áreas protegidas. Fue impresionante, algo mucho más grave de lo esperado", agregó.

La vertical caída en la población de muchas especies de mamíferos fuera de las áreas protegidas en los últimos 15 años está bien documentada. La tendencia se atribuye, en gran medida, a la caza deportiva ilegal, el empleo de esos animales como alimento, la expansión de la agricultura y los asentamientos urbanos.

No existía, sin embargo, una evaluación a nivel continental sobre la situación en las reservas naturales africanas hasta que Scholte realizó esta investigación junto con Tim Caro, de la estadounidense Universidad de California, y el Instituto para el Estudio de la Vida Salvaje de Arusha, Tanzania.

Según la declaración oficial del Congreso Mundial de Parques Naturales, realizado en 2003 en la ciudad sudafricana de Durban, África contiene más de 1.200 áreas protegidas que comprenden unos dos millones de kilómetros cuadrados, alrededor de nueve por ciento del total de su área continental.

Scholte y Caro combinaron los datos disponibles de todas las reservas naturales y utilizaron nuevos métodos estadísticos que permiten compatibilizar información de fuentes diversas.

Entre ellas, el archivo de 40 años sobre los censos mensuales realizados por los guardas de seis parques nacionales de Ghana y una colección de datos aportados durante una década de estudios aéreos de grandes áreas de vida salvaje en Kenia y Tanzania.

La información sobre la población de antílopes demostró ser la más completa y consistente para toda África subsahariana.

"Los nuevos datos muestran que incluso las áreas protegidas relativamente bien organizadas no resultan confiables como una herramienta de conservación a largo plazo, por lo menos para los antílopes y sus predadores naturales", señala el artículo.

Scholte pidió que se realicen estudios sobre otras especies, pero cree, sin embargo, que sus conclusiones son una muestra de lo que ya les ocurre a los mamíferos en los parques africanos.

El aumento en la población de elefantes en las reservas naturales del África oriental y austral es una de las pocas excepciones a la tendencia declinante, aseguró..

El estudio atribuye a la caza descontrolada para utilizar la carne de los animales como alimento buena parte de la merma de la población en el Parque Nacional Katavi de Tanzania, la Reserva de la Biosfera de Gabón y el Parque Nacional Comoe de Costa de Marfil.

En el centro y oeste de África, esta práctica es el factor de presión más común sobre la cantidad de antílopes, destaca el estudio.

En la Reserva Natural Masai Mara de Kenya, la población de herbívoros, desde búfalos hasta jirafas, cayó en picada. Sequías, la caza ilegal y el aumento de la superficie destinada a la siembra de trigo contribuyeron para llegar a esta situación.

Desde que Kenya estableció esta famosa área protegida, su población humana se multiplicó por cuatro.

La población de África se duplica cada 20 años, señaló Scholte. Esto ejerce una enorme presión sobre la vida salvaje en términos de competencia por la tierra, el agua y los alimentos.

En el Parque Nacional Kruger de Sudáfrica la situación es diferente. Allí no es la actividad humana sino el clima seco lo que causa la merma en la población de antílopes y otros herbívoros.

Las consecuencias no previstas del manejo de los parques por parte de los humanos es otro factor que explica el problema, señaló Norman Owen-Smith del Centro para la Ecología Africana de la Universidad de Witwatersrand de Johannesburgo, Sudáfrica.

"Esto no significa que las reservas naturales no puedan tener éxito, sino que deben ser ampliadas, para darles un 'colchón de protección' contra la influencia humana y las variaciones del clima", dijo a IPS, entrevistado por correo electrónico.

Los éxitos conservacionistas en parques como el sudafricano Hluhluwe-iMfolozi se deben, en gran parte, al intenso patrullaje para prevenir la caza ilegal, agregó.

Aunque muchas de las reservas naturales de África se encuentran en aguas turbulentas, hay un puñado que alientan el optimismo, dijo Grant Hopcraft, investigador de la Sociedad Zoológica de Frankfurt, quien se encuentra trabajando en Arusha.

"Hay brillantes ejemplos de buenas iniciativas de preservación. La reserva de Serengeti es uno de ellos y podría usarse como modelo", comentó en un correo electrónico. "La situación es, sin duda, muy grave, pero no me atrevo a pensar que es irreversible."

"Hay muchos casos exitosos en África oriental y austral, aunque existen grandes desafíos y amenazas", dijo James Deutsch, director del Programa Africano de la Sociedad de Protección de la Vida Silvestre, una red con sede en Estados Unidos que abarca 54 países..

Los parques más exitosos son los relacionados con una vigorosa industria turística, que aporta beneficios directos a la comunidad local. "Fuera de esas áreas, la situación para la vida salvaje es desastrosa", agregó.

En África, un continente poco industrializado en el que viven más de 700 millones de habitantes, la mayoría de las personas viven de la tierra, pero el suelo es poco fértil y el agua escasa, indicó Deutsch.

"Un desarrollo sustentable y exitoso es la clave para la conservación a largo plazo de la vida salvaje", afirmó.

Sin embargo, las reservas naturales africanas cuentan con apenas una fracción del presupuesto de las europeas, según Scholte, y el continente en su conjunto menos de 10 por ciento de lo necesario para operar y proteger sus parques.

"Si la comunidad internacional incrementa sus fondos por diez, entonces hay esperanza", concluyó. "Pero no creo que éste sea un pensamiento realista". (FIN/2007)

05 September 2007

Parks 'failing Africa's wildlife'

BBC NEWS
Published: 2007/09/03 09:53:00 GMT

Parks 'failing Africa's wildlife'
Kob antelope (Image: F.Fischer)
The decline in kob antelopes has been blamed on illegal hunting
National parks in Africa, originally set up to conserve endangered species, are failing to protect wildlife within their boundaries, a study claims.

Researchers say a decline in the number of large mammals, such as antelopes, was a result of increased pressures on the reserves' ecology.

They said the parks faced an uncertain future as a greater number of people increased the demand for resources.

The study has been published in the African Journal of Ecology.

"For years, wildlife managers and biologists in Africa have known that large mammals were disappearing outside reserves," ecologists Tim Caro and Paul Scholte wrote.

"But now a raft of studies are showing that we have moved beyond this to the next step - we are losing species from many of Africa's national parks.

"What the new data show is even relatively well-organised protected areas cannot be relied on as long-lasting conservation tools," they added.

Parks under siege

The pair, from the University of California, Davis, US, and Leiden University, Netherlands, examined a number of studies tracking the decline of antelopes.

We may have to get used to [a] relaxation in Africa's network of famous reserves
Tim Caro and Paul Scholte
The main cause behind the animals' decline was human activity, they concluded: "Many parks are subject to the ravaging impact of illegal hunters.

"Bushmeat hunting is often the most common factor pressing upon antelope populations. In the old days, this was for local consumption, now it includes tables in far-off cities that, incredibly, extend to London and Paris."

Another factor was marked increases in human populations and immigration, resulting in communities moving into reserves to farm.

Around smaller reserves, the increase in farming shut off migration corridors used by the animals, the researchers added.

They warned that there was "no easy solution" to halt the decline in antelope numbers.

"The old idea of setting aside large tracts of land in remote areas far from human populations is still a viable option in some parts of the continent.

"But it is a conservation approach increasingly outmoded by land-use change, demographics and policy reform," they wrote.

"We may have to get used to [a] relaxation in Africa's network of famous reserves, leaving a continent containing isolated pockets of large mammal diversity living at low population sizes - just like Europe."

05 July 2007

UN Food Agencies Urge 'Green Revolution' in Africa

Reuters
SWITZERLAND: July 5, 2007

GENEVA - United Nations food agencies on Wednesday called for global backing for a "Green Revolution" in Africa to help the continent build stable agricultural systems and rescue tens of millions of people from poverty.

The agencies -- the Food and Agricultural Organisation (FAO), the World Food Programme (WFP) and the International Fund for Agricultural Development (IFAD) -- said more aid should go to African farming to create economic growth and cut poverty.

"Today, we urge world leaders to walk with African farmers on that path," IFAD's Vice-President Kanayo Nwanze said.

The idea of a Green Revolution for Africa, inspired by a similarly named programme that helped many Asian countries, especially India, out of underdevelopment in the 1970s, has been championed by former UN Secretary-General Kofi Annan.

At a joint news conference in Geneva, the three UN agencies said the African version should not copy the Asian experience but be based on African realities, focusing on small-scale farming and help in empowering women.

Over the past 15 years, according to the FAO, the number of hungry people in Africa has increased by 45 million to a total of 220 million -- around a third of the continent's population and one quarter of the world's under-nourished people.

Yields of maize and other staple cereals in Africa remained at under 1.0 tonne per hectare, about half average yields in Asia and Latin America.

The UN agencies said the main causes of food insecurity were weak institutions, insufficient investment in agriculture by national governments and donor countries, a harsh environment made worse by climate change, corruption and mismanagement.

At a separate news conference, the UN adviser and US academic Jeffrey Sachs said Ghana, Tanzania, Madagascar and Malawi were among African countries which have benefited from good governance in past years, helping drive economic progress.

But Sachs, who is director of the Earth Institute at New York's Columbia University, said problems arose because many decision-makers in donor nations "don't know the quality of governance that is emerging in many African countries".

The IFAD's Nwanze said recent agricultural success in Africa had come when there was political support at the highest levels.

Although he did not mention Zimbabwean President Robert Mugabe by name, Nwanze said the continent would get nowhere if its leaders continued to blame wrongs in the colonial past for poverty instead of advancing needed reforms.